para una madre
Peinas tus sienes ya blancas, color plata,
surcos, como un campo reseco, recorren tu rostro
tus ojos cansados, ya no ven más de tres pasos
ya no oyes lo que te dicen al oído en voz alta,
tus manos ya atrofiadas, no logran abrirse,
quieres sentir, pero tus dedos, son como hielo,
tus piernas, se quiebran si quieres andar.
Miras al pasado, intentando recordar lo que fuiste,
aquella niña, que correteaba y saltaba en libertad,
te bañabas en las acequias, reías y jugabas,
tu pelo color trigo, ondeando al aire,
tus curvas, admiradas por aquellos jóvenes,
tardaste poco en saborear las mieles del amor,
en un pajar te prometieron amor eterno,
un amor, que no paso de un momento fugaz...
Creíste, confiaste, pero que quedó allí?
Nada, soledad, una vida vino al mundo,
tuviste que madurar a pasos agigantados,
pasaron años, encontraste una nueva promesa,
le entregaste tu vida, y fuiste dichosa, pero...
aquello que te prometieron, desapareció,
te encontraste en una nueva encrucijada,
Te convertiste en mujer, sin darte cuenta,
una dama de negro, se llevó al amor de tu vida,
antes de tiempo, cruelmente,
ése amor, cuatro regalos te dio, tus razones para vivir
tuviste que luchar, pelear, tragar bilis por ellos,
eran tu única ilusión, tu única esperanza.
Una tarde trágica, alguien llamó a tu puerta,
no querías ver, no querías oír, no querías creer,
tu hijo mayor, en la flor de la vida, perdió la suya,
arrancando un trozo de tu corazón,
pero seguías con tu fe..., aun te quedaba por que luchar,
pasaron los años, creías que por fin serías feliz,
pero de nuevo la desgracia se cebó en ti,
no podías creer, que la historia se repitiera.
Mas niños corren ya a tu alrededor, recordar...
eso es ya lo único que te queda,
cuando cierras los ojos, aquel amor perdido,
su simiente creció dentro de ti, pero desapareció,
ahora anciana, vuelves a sonreir, te rodean,
te arropan, no sientes, no ves, no oyes,
pero si te quedan aquellos recuerdos,
aquellos momentos, en los que fuiste mujer...
No hay comentarios:
Publicar un comentario